Desde la majada hasta la villa: una historia entre rocas y tradiciones



El origen de Las Majadas se pierde en el tiempo, pero siempre estuvo ligado a la tierra, a la roca y al ganado. Su propio nombre hace referencia a la majada, el refugio pastoril donde los pastores recogían el rebaño al final de la jornada. Esa herencia pastoril define la identidad del municipio y explica por qué este rincón de la Serranía de Cuenca nació en torno a la trashumancia y a la vida en la montaña.


Se cree que el primer asentamiento estable fue obra de pastores llegados desde Poyatos, que se instalaron en el entorno del llamado Pozo de las Ánimas. Los restos de tumbas y algunas cuevas de posible origen árabe —como la conocida “Cueva de los Moros”— atestiguan que el lugar estuvo habitado mucho antes, en épocas de dominio musulmán, cuando la sierra era refugio y frontera.


Con la conquista de Cuenca por Alfonso VIII en el siglo XII, la zona se integró en el Reino de Castilla. Durante siglos, Las Majadas estuvo vinculada a linajes como los Jaraba, de ascendencia aragonesa, y posteriormente a los Albornoz, que consolidaron su condición de villa de realengo. Esta categoría le otorgaba cierta independencia frente a los señoríos, algo poco común en la serranía.


A lo largo del siglo XVIII, el pueblo ya era una pequeña comunidad autosuficiente. El Censo de Floridablanca de 1752 cita la presencia de artesanos, sastres, tejedores, un boticario y una activa vida eclesiástica, lo que demuestra que no era solo un núcleo agrícola, sino un espacio con oficios y servicios que daban vida a la villa. Un siglo más tarde, Pascual Madoz describía en su famoso diccionario geográfico un municipio con unos 585 habitantes, que alternaba todavía tradiciones de realengo y señorío.


El patrimonio histórico y artístico de Las Majadas refleja ese pasado. La iglesia parroquial de Nuestra Señora del Sagrario, levantada entre los siglos XVI y XVII, conserva un bello retablo policromado de 1618, un artesonado mudéjar y un rollo de justicia en su patio, símbolo de autonomía municipal y de sus antiguas atribuciones jurídicas. También existieron varias ermitas dedicadas a San Juan, Santiago, San Bartolomé o San Sebastián, que marcaron la religiosidad y la vida comunitaria de la población.


Pero la historia de Las Majadas no se entiende solo desde lo humano. La geología también cuenta aquí su relato. Los Callejones de Las Majadas, un espectacular conjunto de formaciones kársticas modeladas durante millones de años, fueron usados como refugio para el ganado y hoy son un paisaje único que recuerda cómo la naturaleza y la tradición pastoril siempre caminaron de la mano.


En definitiva, Las Majadas es un pueblo con un pasado humilde pero rico, forjado entre pinares, rocas y majadas. Un lugar donde cada calle, cada paisaje y cada piedra hablan de un modo de vida serrano, marcado por el esfuerzo, la fe y la estrecha relación con un entorno natural que sigue siendo su mayor tesoro.

Las Majadas, donde la naturaleza abraza a las personas.

Un pueblo vivo, un destino para descubrir.